Desde pequeña me enseñaron a limpiarme los oídos y abrir bien los ojos antes de comenzar un cuento. Insistían en que estuviera sentadita y sin moverme, porque de no estar atenta podría perderme algo. Y así hacíamos, cogíamos un cachito de suelo junto al compañero o compañera hasta terminar.
Los 3 cerditos, caperucita, garbancito… Recuerdo aquellos cuentos clásicos, pero verdaderamente creo que no entendí parte de ellos durante mucho tiempo. La casita de paja, nos decían. La de madera. Por último la de ladrillo que debía ser la más fuerte. Y así era, incuestionable pero sobre todo inexplorable.
Los cuentos vividos llegaron a mi cabeza durante mi Capacitación en Snoezelen, un enfoque para el bienestar y la relajación a través de los sentidos. Precisamente presenté el cuento de los 3 cerditos en mi ejercicio final. Tenía una misión: sensorializar el cuento hasta el punto de poder acercar y visibilizar, pero sobre todo con un objetivo: hacerlo más accesible.
Paja del belén, depresores linguales para la casita de madera y legos que harían de ladrillos. Por suerte tenía unos pequeños títeres de dedo, y también los utilicé.
En aquel entonces aún no sabía que mi compi y yo nos íbamos a esforzar por darle cada vez más y más vueltas a cómo sensorializar los cuentos. Cogimos el gustillo a explorar cuentos y más cuentos. Comenzábamos con los de casa, y dábamos un repaso a los de las bibliotecas. Hasta que llegó “Tuntún”, nuestro primer cuento vivido al que llevamos meses dándole forma y ya son varias familias las que lo han vivido y que nos enorgullece decir que les encantó.

Este cuento vivido es una experiencia en la que el oyente no solo escucha, y ve, sino que se adentra en el cuento y nos acompaña a lo largo de él. Ninguno de nuestros cuentos termina siendo la versión original, sino una adaptación que recoge diferentes estructuras. Además de narrar, también mostramos secuencias del libro que a priori, pasaban insignificantes por los oídos de los más pequeñxs. ¿Qué alguien se escondía bajo el agua? Pues le mostrabamos un balde de agua en el que poder chapotear. ¿Quizá en la tierra? Entonces había que ofrecer tierra. Evidentemente, nunca enseñamos tierra de verdad, no se nos olvida que estamos frente a personitas pequeñas. Siempre buscamos algo que se le parezca y que sea más seguro, teniendo en cuenta posibles alergias y/o intolerancias. En esta ocasión no vamos a descifrar qué sustituye la tierra, porque entonces, estaríamos haciendo spoiler sobre nuestro cuento, y eso le restaría magia.
En definitiva, un cuento vivido es una experiencia sensorial que no solo se escucha o se ve, sino que se disfruta a través de los sentidos. Tiene además en cuenta las características de la infancia en varias áreas y se preocupa por cuestiones pedagógicas como la incapacidad de permanecer quieta durante mucho tiempo, la necesidad de explorar, las ganas de conocer lo que hay en la caja tras la persona que lo cuenta. ¿Y es que acaso no aprendemos a través de la motivación impulsada por nuestros intereses propios?
Para todas y todos, ongi etorriak Ai ama!ko Ipuin bizietara. Una experiencia que podrás disfrutar en familia tanto en nuestro espacio como en cualquier lugar.
Oihane y Mireia (Ai Ama Euskadi)






